Otra vez los suboficiales

He tenido la suerte de asistir a un encuentro/debate con unos suboficiales. Tema central: el proyecto de ley de la carrera militar. Tema medular: el deseable diálogo entre los que redactan leyes y los que tienen que cumplirlas. Hay algunas personas que estimamos que a los temas de Seguridad, Defensa y Fuerzas Armadas hay que dedicarles  algún tiempo si se quiere un Estado español eficiente. Incluido en este apartado grandilocuente los problemas de hombres y mujeres que dedican su vida a la profesión militar. Por ejemplo, los suboficiales.

Llevo mucho tiempo defendiendo la idea de que los suboficales son unos profesionales que nadie ha conseguido encajarlos de forma confortable en la organización militar. Lo repetiré: un soldado se sabe lo que es y nadie lo duda. Un oficial se sabe lo que es y nadie lo duda. ¿Qué es un suboficial? Aquí los ciudadanos dudarán.

¿Qué es un arquitecto? Nadie lo dudará. ¿Qué es un aparejador? Habrá algunas dudas, pero nadie dejará de distinguir sus trabajos de los del arquitecto. ¿Qué es un ingeniero de minas? Nadie lo dudará. ¿Qué es un ingeniero técnico de minas? Habrá algunas dudas, pero nadie dejará de distinguir sus trabajos de los del ingeniero de minas.

Primera conclusión; los técnicos de segundo nivel en cualquier profesión cuesta algo encajarlos, pero se termina por encontrarles encaje, empezando por su denominación. No hay sub-arquitectos o sub-ingenieros, hay carreras distintas y funciones diferenciadas.

En las Fuerzas Armadas, y en este asunto, tenemos la desgracia que todo se empezó mal y que no tiene fácil remedio: un profesional técnico en los Ejércitos se llama sub-oficial. Tenemos un problema de encaje de unos profesionales y tenemos, además, mala suerte con las palabras.

Pero, al final, a los hombres y mujeres que tienen la carrera de suboficial lo que más les importa es su carrera y su consideración. Estas filosofías linguísticas ya tendrán/tendremos tiempo de analizarlas después.

En este asunto de la carrera de los suboficiales, se empiezan a intuir cambios fundamentales en el Ministerio de Defensa. Precisamente en este Ministerio de Defensa.

1º, se analizan por igual los intereses profesionales de los oficiales, los suboficiales y los soldados; 2º, se trata de definir la carrera militar de forma similar a las carreras civiles; 3º, se pretende que un suboficial se sienta con el mismo presente y el mismo futuro que un aparejador (por ejemplo); 4º, nadie se olvida que la edad juega un papel en la milicia que no juega en la arquitectura (por ejemplo).

Y lo que es más importante: en esta etapa del Ministerio de Defensa hay diálogo. Conozco algo el Ministerio de Defensa y otro poco a las Fuerzas Armadas: conseguir que haya diálogo interno es un paso hacia la racionalidad, la convivencia y la eficacia como nunca se había logrado.

Dialogar no es imponer, tampoco es dejar de cumplir cada uno su función, dialogar es escuchar lo que opina “el otro” y llegar a poder racionalizar los puntos de coincidencia y los de disidencia. Pero en un colectivo jerarquizado y disciplinado por definición como son los Ejércitos, que haya diálogo es un terremoto sociológico.

Si hay algún colectivo militar que puede sacar provecho del diálogo, ese son los suboficiales. No tengo ni idea de cómo se harán las cosas ni de quiénes harán las cosas, pero sí creo que a quienes las hagan habrá que felicitarles.

Y personas como yo que llevamos muchos años luchando por los suboficiales, les daremos las gracias.

¿Por qué dar las gracias si todo es tan lógico? Mira: sólo si tienes canas entenderás por qué (si todo eso pasa) tendremos que dar las gracias.

Luis Solana

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